¿Jugamos a un juego? Las relas son sencillas, pierde el que se enamora.
Lo llamaremos amigos con y sin derecho.
Veras yo puedo tenerte cuando quiera y tu también podrás hacerlo, podrás besarme, podrás bailar, podrás abrazarme, podrás hacer lo que quieras conmigo.
Los inconvenientes, que si estoy con un chico no quiero celos, no quiero peleas ni malas miradas, menos aun quiero reproches.
¿Estas dispuesto? Adelante juguemos.
El primer día fue estupendo, incluso diría que maravilloso. Tus manos tocando mi espalda, sintiendo como tu frio tacto hacia que mi piel vibrara de felicidad.
El segundo día fue aun mejor, yo moviendo tu pelo, ese pelo que me encanta porque es suave y oscuro.
Al tercer día empezó a tener gracia que te echara de menos, eso significaba que me gustabas y mucho además.
El cuarto día volviste y con ello mis ilusiones, tus labios rozaban mis mejillas como si las hubieran añorado más que nunca.
El quinto día en cambio fue distinto, empecé a hacerme preguntas, ¿es que lo nuestro era solo pasional? ¿Es que había algo nuestro?
El sexto día no me hablaste.
Séptimo día y empiezo a mosquearme, ¿que estará haciendo ahora?. Suena el teléfono, eres tú y quieres hablar, bien.
Octavo día nuestros besos siguen siendo igual de apasionados, incluso más diría yo.
Noveno día y pierdo el juego. Me he enamorado, se lo comunico debido a que quiero pararlo. Ojala nunca hubiera empezado.
Decimo día, después de tanto llorar salgo a la calle y un muro de ladrillos que lleva hay más tiempo del que puedo imaginar tiene una novedad.
“No llores, yo perdí el juego antes que tú”

