miércoles

El precio de la ignorancia.

Ella deja que el le mienta, que juegue con sus sentimientos, cree que lleva las riendas, pero simplemente es solo una peón en un ajedrez.
Él sabe que tiene el poder, la utilizara cuando y donde quiera, le gusta ver como se hace la dura, le hace gracia cuando le dice "No me gusta cuando me besas" pero en realidad sabe que le gustaría decir "Nunca dejes de besarme", en realidad le gustaría corresponderla pero el placer del juego le excita más.
Ella odia llorar, se siente débil. Tanto tiempo estando con él, incluso no recuerda cuando tenia dignidad; o simplemente la perdió por el camino.
Él sigue feliz, hoy le ha llamado 6 veces en una hora, pero no le ha contestado ni una sola vez. No es crueldad, se dice a si mismo; si no más bien siente que hace lo correcto.
Ella le llamo, pero como de costumbre el nunca le coge el teléfono, así que ha pasado a el plan B.

Querido J.
Hoy te he llamado seis veces al teléfono y no me has contestado, tranquilo estoy acostumbrada.
He tomado una decisión, ha sido difícil pero creo que es lo mejor para los dos, me marchó.
Esta tarde fui a una agencia de viajes y cogí un boleto para Dinamarca, ya sabes lo que me gusta Copenhague, te lo dije en varias ocasiones pero se que no estabas allí cuando te lo contaba.
Bueno, solo quiero que sepas que aunque he sufrido mucho por tu culpa, también he sido muy feliz, creo que nadie más en el mundo sabe besar igual de bien que tú. Nadie.
Te echaré tanto de menos, pero creo que quizás allí pueda encontrar mi dignidad o al menos empezar de cero.
PD: No te culpo mi vida, si nuestra relación fue así es en parte por mi culpa, no supe ser dura y es algo de lo que me arrepiento. Sé feliz y espero que te sea complicado olvidarme, significaría mucho para mí.

Él, "¿Que pasa con M?" aún no ha llamado, normalmente suele llamar hasta 20 veces, su acoso telefonico no le disgustaba ni lo más minimo, sonreia cada vez que escuchaba su tono del movil, siempre solía ser ella y su voz enfadada "¿Donde estas?, quiero verte ya".

Una carta solitaria en el suelo. Un lazo rojo atado con mucha delicadeza. Una letra J.

Dos meses después. Numero de llamadas perdidas cero, numero de mensajes en el contestador cero. "La deje marchar" Pensó. "No había ningún te quiero en la carta". "Fui tan estúpido, Te quiero, te quiero y mil veces te quiero M, ojalá pudieras escucharme"

Ella bailaba divertida con un londinense de poco más de veinte años. Él era su nuevo amor, nunca olvidaría a J y los mejores besos del mundo. Pero la vida le dio una nueva oportunidad. Poco quedaba de la ingenua M ahora.

El valor para marcharse, el miedo a llegar.

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